Arte público · México
Cuando las paredes se volvieron libro del pueblo
México · 1921 – años 1950
Tras la Revolución, México encarga a sus pintores las paredes de los edificios públicos para contarle su historia a un pueblo que en gran parte no sabía leer. Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros —«los tres grandes»— llenan el país de frescos gigantes: nace el movimiento de arte público más influyente de América.
Historia profunda · En tres tiempos
1 · Inicio — cómo y por qué empezóEl inicio es una revolución: entre 1910 y 1920 México se desangra en una guerra civil que derriba al régimen de Porfirio Díaz y deja un país por reinventar. En 1921, el ministro de Educación José Vasconcelos entrega a los artistas los muros de escuelas, ministerios y palacios con una misión explícita: hacer un arte monumental, mexicano y para todos, que enseñara la historia —la prehispánica, la colonial, la revolucionaria— a quienes pasaran frente a la pared. Rivera vuelve de Europa, Orozco deja la caricatura, Siqueiros llega del ejército revolucionario: los tres firman manifiestos y fundan hasta un sindicato de pintores.
2 · Desarrollo — cómo se desplegóEl despliegue son tres temperamentos sobre la misma pared. Diego Rivera (1886–1957), el narrador: pinta en la escalera del Palacio Nacional la Epopeya del pueblo mexicano (1929–1935), miles de figuras desde el mundo prehispánico hasta la Revolución, y lleva el muralismo a Estados Unidos —los frescos de la industria de Detroit (1932–1933), y el escándalo del Hombre en la encrucijada del Rockefeller Center, destruido en 1934 porque incluyó un retrato de Lenin—. José Clemente Orozco (1883–1949), el trágico: su obra maestra, el Hombre de fuego de la cúpula del Hospicio Cabañas de Guadalajara (1938–1939), no celebra: acusa, y su Hidalgo incendiario del Palacio de Gobierno de Jalisco es la historia como llamarada. David Alfaro Siqueiros (1896–1974), el militante: experimenta con técnicas nuevas —piroxilina, fotografía como modelo, ángulos para un espectador en movimiento— en obras como La nueva democracia (1944, Palacio de Bellas Artes) y corona su carrera con el gigantesco Polyforum de Ciudad de México. El Estado los financió y a veces los censuró; ellos se pelearon entre sí durante décadas: el muralismo también fue una polémica permanente.
3 · Conclusión — cómo terminó y qué dejóHacia los años cincuenta, una generación nueva —la llamada Ruptura— se rebela contra el muralismo oficial y vuelve al lienzo íntimo. Conclusión: el movimiento había ya ganado su guerra mayor: demostró que el arte podía ser público, didáctico y monumental sin dejar de ser gran arte; devolvió el pasado prehispánico y popular al centro de la identidad mexicana; y sembró muralismos por todo el continente —del muralismo chicano de Los Ángeles a las brigadas de pintura popular chilenas—. Hoy sus frescos son patrimonio protegido y siguen cumpliendo su función original: están en edificios públicos, a la vista de cualquiera que pase.

«El hombre de fuego» (1938–1939), de José Clemente Orozco, cúpula del Hospicio Cabañas, Guadalajara. Foto: P. Hughes · CC BY-SA 4.0 (licencia de la fotografía, con la misma advertencia de libertad de panorama) · Miniatura oficial de Wikimedia Commons.
«La nueva democracia» (1944), de David Alfaro Siqueiros, Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México. Foto: Wolfgang Sauber · CC BY-SA 3.0 (licencia de la fotografía, con la misma advertencia de libertad de panorama) · Miniatura oficial de Wikimedia Commons.
- Se ve en
- Palacio Nacional y Palacio de Bellas Artes (Ciudad de México); Hospicio Cabañas (Guadalajara, Patrimonio Mundial UNESCO desde 1997)
- Técnica
- Pintura al fresco y técnicas modernas (piroxilina) sobre muros de edificios públicos
- Dato
- El mural destruido de Rivera en Nueva York fue repintado por él mismo, con el retrato de Lenin, en el Palacio de Bellas Artes: es El hombre controlador del universo (1934)
- Crédito
- Obra mural: Diego Rivera · Foto: Wolfgang Sauber · CC BY-SA 3.0 (licencia de la fotografía, amparada en la libertad de panorama mexicana que Commons acepta para obras en espacio público; los murales de Rivera, Orozco y Siqueiros aún tienen derechos vigentes en México) · Miniatura oficial de Wikimedia Commons