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Portada de La guerra de los mundos

La guerra de los mundos

H. G. Wells

Sección: Juvenil · 27 partes · 8:35:28 en total Desde 12 años

Audiolibro gratuito en español de «La guerra de los mundos», de H. G. Wells: 27 partes · 8:35:28 en total. Fuente: LibriVox / Internet Archive (dominio público).

Unos cilindros procedentes de Marte caen sobre la campiña inglesa, y de ellos surgen máquinas de guerra tripuladas por marcianos que arrasan Londres con su rayo calórico. La humanidad, impotente, huye en masa de las ciudades. Wells imaginó así la primera invasión extraterrestre de la literatura moderna, una advertencia sobre la fragilidad de nuestro dominio sobre la Tierra.

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📖 La obra, contada por la casa

H. G. Wells (1866-1946) escribió La guerra de los mundos en 1898, en el apogeo del Imperio británico, cuando Inglaterra dominaba mares y colonias y se sentía invulnerable. Wells, formado como biólogo, quiso darle la vuelta a esa seguridad: ¿qué sentirían los ingleses si una potencia inmensamente superior llegara de fuera y los tratara como ellos trataban a los pueblos colonizados? De esa pregunta nació la novela de invasión más influyente de la historia, contada en primera persona por un testigo común, un escritor y filósofo aficionado que sobrevive para contarlo.

Todo empieza con una observación astronómica rutinaria: desde Marte se detectan explosiones de gas, noche tras noche, que nadie interpreta como amenaza. Días después cae del cielo un objeto en un campo cercano a Woking, en el condado de Surrey, y resulta ser un enorme cilindro metálico que se enfría lentamente. El narrador está entre los curiosos cuando la tapa se desenrosca y aparecen los marcianos: criaturas del tamaño de un oso, con cuerpos redondos, grandes ojos y tentáculos, para quienes la gravedad terrestre es un esfuerzo penoso. La curiosidad del público se convierte en horror cuando un rayo de calor emerge del foso y carboniza en segundos a la delegación que se acercaba con bandera blanca y a decenas de espectadores.

Los cilindros siguen cayendo, uno tras otro, en torno a Londres, y de ellos emergen las máquinas de guerra que han hecho legendaria a la novela: enormes trípodes de combate, más altos que las casas, que se desplazan con rapidez imposible, armados con el rayo calórico y con un humo negro venenoso que asfixia ciudades enteras. Los marcianos, explica el narrador con frialdad científica, no han venido a negociar ni a explorar: han venido a alimentarse, pues se nutren inyectándose la sangre de otros seres vivos, y consideran la Tierra un recurso. El ejército británico, con su artillería y sus torpederos, logra apenas victorias mínimas —un trípode derribado aquí, otro hundido en el Támesis— frente a una tecnología que lo supera por completo.

El narrador huye con su esposa, la deja a salvo con unos parientes y regresa para observar, quedando atrapado en una odisea por un paisaje devastado. Presencia el éxodo masivo de Londres, millones de personas huyendo en pánico por carreteras y estaciones, en escenas que anticiparon los grandes desplazamientos del siglo XX. Su hermano, otro de los hilos narrativos, escapa por mar entre una flota de barcos abarrotados mientras un buque de guerra se sacrifica enfrentando a los trípodes. El propio narrador queda luego encerrado varios días en una casa semiderruida junto a un clérigo que pierde la razón, observando por una rendija cómo los marcianos trabajan, extraen sangre a sus prisioneros y convierten el entorno en un paisaje rojizo cubierto por una hierba traída de Marte.

Cuando por fin se atreve a salir, camina hacia un Londres vacío y silencioso, dispuesto ya a entregarse a la muerte. Y entonces descubre el desenlace, el más famoso de la ciencia ficción: los marcianos yacen muertos en sus máquinas, vencidos sin que ningún arma humana pudiera con ellos. Los mataron las bacterias terrestres, los microbios comunes contra los que su organismo, evolucionado en un Marte sin gérmenes, no tenía ninguna defensa. La humanidad se salva no por su fuerza, sino por la humildad biológica de pertenecer a este planeta; el narrador lo resume entendiendo que pagamos nuestra inmunidad con millones de muertes a lo largo de la evolución.

La obra dejó una marca inmensa. Inventó el relato moderno de invasión extraterrestre, con sus máquinas, su rayo y su civilización fría e implacable, y sembró una pregunta incómoda que sigue vigente: nuestra superioridad sobre la naturaleza es prestada y frágil. Su eco llegó a la famosa emisión radial de Orson Welles en 1938, que muchos oyentes creyeron real, y a innumerables películas y novelas. Leída hoy, su fuerza está en su sobriedad: no hay héroes invencibles ni discursos grandiosos, solo un hombre ordinario que mira caer su mundo y aprende, al final, que ni siquiera los conquistadores del espacio pueden contra lo más pequeño de la Tierra.

Relato de estudio original de Lobo Audio. Edición de referencia: Wikisource (dominio público).

Partes

    Fuente de la grabación: Internet Archive (LibriVox, dominio público). Puedes escucharla completa aquí, en Lobo Audio, sin salir de esta página.

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